A veces se sentaba en el desvencijado diván de la estancia esperando a que Dios le diera una señal para actuar. Agarraba la biblia deshojada de la tía Juana, pensando que a lo mejor le servía en algo un montón de papel barato cayéndose, siendo presa del antojo de las polillas, y la tinta que se escurría entre las hojas húmedas. A pesar de la total y firme determinación de obtener una respuesta divina, a veces se cansaba y se levantaba, con el músculo de la posadera doliéndole como si le hubieran dado de lleno con un barrote de metal.
-Puta madre, Dios. Dios. Qué chingados hice mal. - se decía, sin querer reconocer su fallo, con la culpa que le carcomía el seso como si fuera una manzana engusanada. Y entonces se derribaba sobre el vientre caliente de Manuel, que le esperaba, tentador y apacible.
-Pinche Javier, estás pendejo - le había dicho Manuel, mientras que lo miraba directamente a la cara, con ese rostro entre la angustia y la burla que más que decir: "Te quiero, aunque estés pendejo" decía "Pendejo, estás jodido, aunque te compadezco". Porque, por una entera estupidez, que más bien era lujuria, se había acostado con Marianela y la había preñado, OH BENDITO SEAS, y la había dejado con un fruto de su vientre, Jesús.
¿Pero como iba él a saberlo? ¿Cómo iba a saber que la semilla de la vida, era el semen y no el frijol? Aunque el parecido semántico fuera asombroso y el frijol no fuera una semilla, sino una legumbre; nunca lo hubiera imaginado. Puta madre, la había jodido. Piches años de educación sexual, todos se habían ido a la mierda. 18 años, nueve meses y se había jodido la vida.
Miró a Manuel, asombrado. Y Manuel lo había mirado, como siempre lo miraba.
-Bésame, Manuel - había implorado. Y Manuel simplemente lo había observado con esa incrédula mirada burlona que decía muchas más cosas que las que él estaba dispuesto a escuchar.
-No. -había respondido.- No seas marica y acepta tu responsabilidad. Aparte, yo no estoy para tus devenires de depravación.
-Ni siquiera sabes que significa "devenir".
-¿Importa? Marianela está embarazada. -había repetido, como pinchando con una aguja la consciencia de Javier. Y después había reído nuevamente, con burla. - Imagina cuando nazca el niño y le tenga que decir la clase de sodomita que era su padre...
Javier había cerrado los ojos y murmurado unas palabras. Marianela podía esperar.
-Cállate y bésame, Manuel.
Javier había cerrado los ojos.
-Bueno - y Manuel lo había besado.